Entradas populares

jueves, 21 de mayo de 2009

HISTORIA DE UN TRISTE CON VOCACION ALEGRE (tributo a Mario Benedetti)



Tenía 13 años y estaba perdidamente enamorado de una compañera de mi colegio; ella era de un aula lejana a la mía Así que nuestra comunicación se basaba en solo miradas, porque en el fondo sin hablarnos creo que existía algo entre nosotros.
Ese "algo" tan inmenso y sin medida que crecía entre fabulas de caballeros y demonios que intentan sucumbir vírgenes.

Era como aquella impresión que a veces nos sobrecoge: la de encontrar esa minúscula parte de átomo que nos parece haber elegido, como si de pronto estuviera dentro de una confrontación contra lo que es todavía mas radical que mis deseos, como si esa razón ese átomo, esa guerra la hubiera creado la raíz mas profunda de nuestro ser.
Cuando esto ocurre, dicen que es para siempre, porque frente a ello, frente a su presencia, es cuando llegamos a ser el personaje mas autentico de nosotros.

Estaba enamorado no cabe duda, o parecía que lo estaba según teorías. Pero la única verdad era que no me atrevía a decirle nada. Era un cobarde lo admito, pero era emocionante y divertido.

Creo que eran síntomas de locura e invención de pájaros sobre mi cabeza. Bueno los psicólogos habían detectado que yo sufría (si sufrir de sufrimiento, de padecer) de hiperactividad, razón por la cual era algo mas movido que otros niños de mi edad y de mi salón de clases.

Fue una tarde que el sol se oculto temprano a eso de la 1 pm cuando luego de un altercado (piñas van piñas vienen) con un compañero de clase, termine en la oficina principal del director de mi sagrado e inmaculado colegio.

El director al observarme nuevamente, hizo una mueca de resignación y amargura, obligándome a esperarlo en la oficina de recepción (un lugar compuesto de sillones antiguos en forma de tronos y libros alrededor del pequeño cuarto) porque estaba “ocupado” (seguro almorzando y atragantándose con esos pasteles que yo había visto comérselos en otras oportunidades).

Sentado en esos sillones me sentía un rey en su corte, imaginaba al director con una inmensa cabeza de serpiente lanzándome fuego, imaginaba un mundo alterno sin sentido.
Estaba inmerso en mis sueños cuando alguien abrió la puerta y volví a ser el plebeyo a punto de ser condenado a muerte.

Mire hacia la puerta y la puerta descubrió a aquella chica dueña de mis miradas asomarse. La impresión fue inmensa que en ese momento ya no era un gran rey ni un pobre plebeyo ni absolutamente nada, lo único que yo parecía al verla acercarse lentamente hacia mi, se reducía a un minúsculo bicho rastrero que escondía su cabeza.

Lleno de nervios al tenerla tan cerca, cogí un libro del estante que habían a mi alrededor. Por inercia o por voluntad propia nunca entenderé porque lo hice solo se que el titulo era LA TREGUA-Mario Benedetti.

Ella me miro varias veces para luego acercarse y decirme una frase que nunca olvide durante esos días

“tienes algo de sangre por tus labios" (yo tenia el labio partido interiormente por algún golpe de mi oponente)

-intente no responder pero salio un gracias que respondí inmediatamente sin levantar la mirada (seguro me volví tan rojo que nadie hubiera notado una pequeña huella de sangre en ese momento, solo ella)

Y ahora ¿Qué hiciste? - Me interrogo mientras yo intuía que esa pregunta implicaba que ella sabia toda mi vida, lo cual era una vida de mala reputación, de mala fama, de una vida complicada.

-no soy de mentir lo admito, a si que le relate mi historia y lo injusto que me parecía todo aquello que me sucedía, claro que mientras lo hacia tenia la mirada sobre el libro, pasando pagina por pagina.

¿Porque te comportas así?, ¿Por qué lo haces? , interrumpió.

-Es que soy un alma triste con vocación alegre respondí -

Jajajá - se rio y me dijo “eso lo acabas de leer de ese libro" mirándome intensamente.

-Si - le respondí, mientras alce la mirada lentamente, observando sus labios rosados, sus pequitas pequeñas en su rostro, sus ojos color caramelo y su cabello castaño que le llegaba la hombro.


Mientras la observaba en esa inmensa fracción de tiempo, mientras perdía mi miedo en esos segundos que parecieron años, alguien la llamo por su apellido y ella se despidió marchándose de mi lado.


A partir de ese día nuestra amistad se incremento y un día de junio antes de vacaciones empezamos una relación de las más bonitas y bellas que el ser humano puede imaginar.

Fueron dos años hasta que mi "chiquita pecosa" tuvo que marcharse a España con sus padres. Nunca mas la volví a ver ni saber nada referente a ella, solo recuerdos suyos quedaron en mi piel como un tatuaje que al mirarlo en la piel, uno recuerda el dolor y el tiempo.


Ese día en la oficina del director, después que ella se marcho y caí como un jet a propulsión desde el cielo tuve que enfrentarme a mi realidad. Ese inmaculado día solté una frase que aun la repito hasta el día de hoy.

“Gracias maestro Benedetti, gracias Mario Benedetti”

Ese día decidí hacer una tregua con el director: comprometiéndome que no volvería a su oficina hasta que terminara de leer y comprender ese libro que el me presto. (siempre tuve fascinación por la lectura) Tiempo después cuando termine de leer el libro y me preste a devolverlo el me miro y escribió una frase antes de regalarme el libro.

-Recuerda esta tregua entre alumno y director-

"LA TREGUA" de Benedetti es la historia de Martín Santomé, un oficinista que -a sus 49 años- ya piensa en la jubilación y no sabe si fue feliz. Viudo, con tres hijos mayores (un gay, otro cuadriculado y una hija con la que tiene un poco más de trato), Martín siente que nunca amó verdaderamente, ni a la madre de sus hijos. En pleno problema existencial, aparece Laura Avellaneda, una joven de 24 años, la misma edad que su hija. La chica le cambia la existencia. Se enamora de veras, siente lo que nunca sintió en su vida; y lo mejor, es correspondido. Su vida rutinaria da un vuelco. Sus hijos lo censuran, solo su hija lo apoya y se hace amiga de Laura. Sin embargo, hay seres que están signados por la fatalidad.
Martín sabe que su relación con Laura no será eterna. Es más, es solo una tregua pasajera, porque pronto volverá al campo de batalla, el rincón de los jubilados, de los solitarios de plazuela. Porque el destino es cruel, Laura fallece y Martín vuelve a ser el de antes. Sin sentido, ni rumbo. Un alma triste con vocación alegre.


Desde aquella vez, Benedetti ha sido y será siempre uno de mis escritores favoritos y también el de ella. Es por eso mi agradecimiento a aquel que me enseño esa tregua imaginaria con la vida... aunque se que algún día se acabara.


El día 17 de mayo de 2009 poco después de las 6pm Benedetti fallece en su casa de Montevideo, a los 88 años de edad. En el marco de este hecho, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se realizara con honores patrios en el "Salón de los Pasos Perdidos" del palacio legislativo desde las 9am del lunes 18 de mayo.


ADIOS MAESTRO BENEDETTI “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida”


El día 19 de mayo de 2009 poco después de las 20 horas, una llamada a mi celular confirmaría lo extraño que resulta esta vida.


Hola ¡¡¡

-Hola...

¿Sabes quien soy?

-¿Alguien que llama a mi celular? Respondo.

Murió nuestro maestro Mario Benedetti y llame porque pienso que te sientes triste.

-Si pero últimamente e cambiado mi forma de ver la muerte.


-¿Quién eres? (solo una chica en este mundo podía describirlo como nuestro maestro)respondo intuyendo algo.


-una chica triste con vocación alegre-

-… (Silencio) ¿Quien?.. ¿Chiquita pecosa?, ¿Chiquita pecosa? (solo ella conoce el poder de esa frase.)

Si Herbert, soy tu chiquita pecosa.

-…



"El trayecto de mi identidad supone que he cambiado, pero la regularidad del cambio demuestra que soy el mismo”