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jueves, 20 de mayo de 2010

HOLOGRAMAS DE MI MADRE

Aquella mañana mientras acariciaba el vaso con leche e imaginaba mundos ingrávidos que se destruyen como pompas de jabón al sol, sucedió un acontecimiento, de aquellos donde la vida escribe fragmentos en forma de versos que al leerlos unas veces no entiendes absolutamente nada, pero luego de repasarlos varias veces o recién con el tiempo puedes comprender su significado.

Recuerdo que vivía en una casita pequeña de color carton, donde el sol se acurrucaba de día y la luna pernoctaba cuando sentía frió.
Muy cerca de mi hogar había una librería donde atendía un señor con cara de gato (así lo recuerdo, incluso puedo dibujarlo) en este lugar aparte de libros y artículos de librería se podían encontrar algunos juguetes para envolverlos como regalos fortuitos.


Fue en ese lugar del tiempo, donde cierta mañana de febrero aparecieron en el mostrador unos carritos muy pequeños de colores de la marca Hot Wheels lo cual para mi no era novedad ya que en mi corta estadía en el mundo, había observado muchos autos pequeños de diferentes colores y modelos en otros establecimiento mas grandes.

No obstante, fue difícil para mis ojos de niño dejar de observar una caja más grande dentro de aquel mostrador de vidrio; era un juego de 5 carritos Hot Wheels con pistas en forma de montaña rusa. (Todo incluido decía sobre la caja de cartón)


Aun tenía 10 años con unos cuantos días para llegar a 11 y desde mi insignificante punto de vista era el regalo mas hermoso jamás visto por un niño, mis ojos brillaban con mas fuerza de solo pensar en ello. Y durante esas noches se volvían estrellas taciturnas cambiando de color, era algo así como las llaves del universo que nunca veremos tan de cerca pero sabemos que existe en algún lugar.


Fue durante esos días que mi insignificante vida no hacia mas que imaginarse jugando o piloteando esos autos a toda velocidad en grandes carreras que mi mente alucinaba. Eran los autos más bellos de mi pequeño universo, eran los hermosos colores jamás imaginados por seres mortales y yo... era el yo el conductor.


Mi minúsculo cerebro ideo una estrategia segura (mi cumpleaños estaba cerca.) Todos los días que pasaba por la librería agarrado de la mano de mi madre yo me quedaba observando esos carritos Hot Wheels, esperando que ella tome en cuenta mi demostración de apego a esos carritos al momento de elegir un regalo como cada año solo ella lo hacia.


Hoy que el recuerdo anida en mis emociones y como lagrimas que se reúnen de una en una hasta transformarse en hologramas de ella. Hoy todo el universo se vuelve claro y pausado para mi, e incluso esas emociones- sensaciones vuelven a ser las mismas cada vez que recuerdo ese cumpleaños numero 11.



Amaneció un día soleado en febrero, el gran día del amor esperado por todos los grandes idiotas enamorados. para todos los tontos incluido yo, amor  desamor lo llamaban algunos pero en ese momento yo no entendía nada y para mi solo era el día de mi cumpleaños y punto, uno más cerca a la adolescencia y otro día muy lejos de mi niñez.

Aquella mañana mi madre toco mi puerta con esas manos de ángel y su inimaginable sonrisa que calmaba toda tristeza cuando el mar rugía en mis pesadillas que me agobiaba cuando niño.
Dentro mío palpitaba mi corazón, apresurado, emocionado, donde
 solo se superaba por las ansias de tener en mis manos esos hermosos carritos Hot Wheels.
Demasiado grande fue la sorpresa cuando mama se acerco y me dijo; "te felicito por un año más de vida hijo mío" mientras entregaba un regalo algo pequeño a lo que yo imaginaba.
Abrí algo desanimado pero confiado, y quede como un punto perdido en medio de un laberinto sin saber que hacer. El regalo era un libro pequeño (¿A quien se le ocurre regalar un libro a un niño de 11 años? discutían dentro mío muy amargados la razón y la lógica)

Gracias dije algo consternado y murmurando... estaba algo molesto, decepcionado, no comprendiendo mi desengaño a algo que yo solo había imaginado. 

Desilusionado en cámara lenta, pasaban lentamente fotografías de mis tontos sueños.

Odie mi cortos 11 años, maldije mi pequeña mala suerte y decidí demostrádselo a ella durante el desayuno. (En realidad no tenía idea como  hacerlo y solo atine a poner mala cara).
Mi madre, que tenía una forma extraña de saber las cosas sin que uno se las confesara, se acerco a mi, se agacho mirándome fijamente a los ojos con esa sonrisa que invitaba a abrazarla y me dijo “hijo mío hay dos cosas en la vida que importan mas que yo y tu... incluso este día.”
-Las cosas que viven muy dentro nuestro y las cosas que viven fuera nuestro (¿acaso ella no entendía que yo quería solo los carritos Hot Wheels y nada mas?)

Mi madre, hizo una pausa y me pregunto por mis anteriores regalos (que de hecho ya no existían, salvo residuos pequeños por algún lugar) para luego enseñarme que lo material no dura mucho tiempo.
Mi madre, tomo el libro explicandome que las letras son eternas como las historias que viven dentro. Luego me miro a los ojos y dijo; léelo algún día de luna o alguna noche de sol.

Luego mi madre pasaría a enseñarme que no siempre los mejores regalos que anhelamos son los que aprecian nuestros ojos, sino que existen otros que apreciamos con el corazón y demostramos con el alma.

Ese día mi madre me enseño que son esos pequeños o grandes momentos de la vida que necesitaremos cuando estemos solos en la oscuridad.
Aquellos son los regalos que no ven nuestros ojos pero que siempre perduran junto a esas palabras que construyen nuestra alma para luego poder vestirlas con nuestros sueños durante nuestra vida.


Aquel cumpleaños numero 11 Mama me regalo un pequeño libro en la mañana y una pelota de básquet de la NBA en la tarde. (Ame esa pelota más que los carritos de Hot Wheels hasta que un día termino en el patio de mi vecino y nunca mas me la devolvió)


Tiempo después o mas creo, leí por primera vez el libro que mamá me regalo, se llama “Mi planta de naranja lima”.

Hoy aunque pasaron años y la vida me otorgo muchos regalos necesarios e innecesarios, siempre recuerdo ese cumpleaños numero 11, cuando recibí el regalo más grande de mi madre, ese regalo viene a mi cuando mi vida parece sentirse sin rumbo, sin destino.


Mi madre siempre tubo razón aunque yo demore algo de tiempo en darme cuenta.
Ese día de febrero a los 11 años aprendí a dar valor a las cosas que nunca imaginaba, y mi madre se tomo la molestia de descifrarlas porque sabia que ella nunca seria eterna.


Sra Cecilia, Madre mía, si tan solo supieras cuanta falta me haces aquí.

4 comentarios:

Agus dijo...

ame mucho este texto, sobretodo la parte que dice que te regalo mi planta de naranja lima, yo tambien tengo ese libro (L) triste u.u
amo como escribis hnito ^^ cada dia mejor :D te amo

"Como las llaves del universo que nunca veremos tan de cerca pero sabemos que existe en algún lugar."

Carmen dijo...

*-*
Simplemente lo amé, me encantó el post... fue... muy melancólico en cierta forma, al menos para mi.
Espero seguir leyendo mas post ^^
Besos cuidate!!! :D

Herbert Nadal dijo...

AGUS- gracias por todo hermanita y me gusto esa frase tamb "Como las llaves del universo que nunca veremos tan de cerca pero sabemos que existe en algún lugar."

CARMEN- al escribir ese post comprendi que hay momentos por mas insignificantes qe sean donde la melancolia habita y revive siempre que lo traemos a la memoria. gracias carmen.

Liru dijo...

me ha encantado... has hecho temblar (así, de pronto) mi frío e insensible corazón... siempre hay cosas que me hacen esto...
es precioso. unes muy bien las palabras... e_e

"imaginaba mundos ingrávidos que se destruyen como pompas de jabón"
aunque me han encantado todas las frases, esta, ahora, la amo e_e