miércoles, 4 de enero de 2012

MITAD DEL CAMINO, RECINTO SECRETO DONDE MORAN LOS FANTASMAS


Había caminado demasiado lejos, deambulando perdido por un sendero desconocido cual laberinto de dédalo.  Me extravié como siempre, noo!! esta vez fue sin darme cuenta, fue siguiendo huellas de ángeles que alguna vez fueron hermosos pero cuya soberbia a sucumbido y logro lanzarlos hacia el mas hermoso infierno: la tierra.

Era esta pesadilla en medio del camino de ángeles caídos que me arrastraba a seguir lo desconocido, perseguir esa extraña sensación que golpea siempre mi corazón durante toda mi vida, esa espada infausta de buscar algo sin saber que puede ser. esa hoja filuda mortal de intentar cortar el destino para cobijar un espíritu que urge un aposento donde pernoctar.


A cada paso que daba, el laberinto me iba devorando perezosamente sin que yo ambicionaba darme cuenta de nada en absoluto, ni siquiera pensaba en salir, pero no obstante mi cabeza se llenaba de una gran clarividencia, una que decía que no regresaría jamás de ese lugar. Que mis pasos solo me habían arrastrado como en toda mi vida y como en toda resistencia que alguna vez le di a la vida a una sola razón:

-No hay final, no hay camino. Solo queda terminar con decencia y morir.

En medio de esa maraña llena de caminos enredados encontré una misera grieta de esperanza, una pequeña luz opacada, casi muerta que comparada con el resto no parecería que debería existir. En realidad esa luz fue, es y sera mi amiga paloma que no tenía en ese entonces la muerte pintada aun en la cara. Paloma poetisa de los sentimientos, de la soledad, del espacio y la consolidación de la vida. Emergía como luz opaca, casi deslucida sin resplandor pero siempre luz.


Paloma siempre poseía una sonrisa apagada por el viento embustero, viento que una vez la sedujo y dejo dormir tras su balcón pero al salir el crepúsculo el cogió sus cosas hurto su alma, rompió su corazón.
Desde ese día ella escondio su sombra en un rincón donde no habita la iluminación, donde llora en silencio, en cada verso en cada letra, en cada son.


Antes o una vez fue hermosa como las nereidas del mar, como una diosa buscando enamorar al ciclope iracundo inhumano. Hoy la vida le dio el presagio absoluto de su existir; poetisa de la angustia ensangrentada, princesa de la soledad.


Su ojos son hermosas lagunas donde muchas veces intente naufragar y tonto yo, precipitado yo terminaba ahogándome en se gélido depósito de tristeza. No obstante debo admitir que no fue indiferente una tarde de diciembre cuando la conocí, fue instantánea pero eterna antes que sus ojos voraces me lanzaran contra el viento


Puedo amar a paloma, abrazarla, enrollarla en mis brazos a sabiendas que ella nunca sentiría mi calor. Puedo oler, sentir su perfume de chocolate distancias enteras y ella nunca intentara regalarme con el viento dicho aroma. Puedo amarla en silencio, acostúmbrame a no mencionar nada sobre el amor, estar sin ella, sin su minúscula compasión y morir.

Pero ahora estábamos en aquel túnel semioscuro y solitario.

Solos: yo y ella, los dos juntos por algún error o mal juego de azar del destino. Alguien nos quiere o alguien es cruel o quizás la vida nos permitía unos minúsculos minutos juntos sin ese miedo que agranda la timidez cuando nos rodea el mundo con sus furtivas burlas.


Pero en ese instante yo tenía las palabras, ella la escritura.


-Hola paloma en este inmenso silencio puedo oír el quebranto de tu corazón.


-Hola pak!! Y dime es poesía o solo palabras del viento lo que acompañan ese son?


-Tú siempre serás poesía paloma, mientras que yo quizás pueda ser el triste remedo de alguna tonta canción de amor o más aun… algún grotesco sonido que te acompañe por el mundo en cada clave abrumada, en cada miserable son.

Déjame dar calor aunque sea a tu sombra, concédeme un aliciente a mis días inhumanos déjame sentarme a tu orilla indagar por la inmensidad.

Ella me observa los labios busca descifrar mentira o verdad.


Yo me pierdo en el camino hacia sus ojos…

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